(Fotografía de J.R.R. Tolkien)

¿Qué es la Fantasía?

Hablar de fantasía es entrar en el mundo que  puede dar la llave de comprensión del mundo real. Según la RAE es el grado superior de la imaginación en cuanto que inventa o produce.

La fantasía es imprescindible para el niño. A través de ella el lector infantil tiene ocasión de confrontar lo real con lo irreal. La fantasía le ayuda a enfrentarse al mundo tal y como es. Puede parecer algo extraño, pero todos los seres humanos, necesitan fugas y escapes. Se necesita soñar, bien para crear, bien para evadirse circunstancialmente de la realidad. Esta capacidad de evasión posibilita finalmente asumir dicha realidad.

El niño es inventor por naturaleza y crece globalmente en tres direcciones: IMAGINACIÓN, SENSIBILIDAD e INTELIGENCIA.

Betthelheim y los cuentos de hadas o maravillosos

Bruno Betthelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas estudia detenidamente el papel de dichos cuentos en la educación infantil. Constata que niños que viven situaciones difíciles, salen adelante en muchas ocasiones  a base de soñar con el éxito de sus personajes favoritos.  Estos triunfan tras haber superado una serie de pruebas. Como consecuencia, los niños entienden que sus dificultades encontrarán recompensa en algún momento. Según Bettelheim  estas fantasías generan esperanza y no frustración, como se podría creer. La única condición para que esto se cumpla es que el cuento lo sea realmente.

La mente infantil distingue perfectamente entre lo que es el relato en sí y su propia existencia. Para ello sirven las clásicas expresiones: érase una vez, había una vez, en un país lejano... Aunque estas fórmulas iniciales no se empleen actualmente  como en otros momentos de la historia de la literatura, el autor  siempre provoca el distanciamiento mediante la palabra o  la ilustración.

Contar historias

El ser humano es un ser contador de historias nato. Es algo inherente a él. Cada uno ve una misma realidad  de diferente manera y modifica el relato en la transmisión oral. Los niños cuentan historias como si fueran algo real.

Con la experiencia de Tolkien sobre su lectura infantil, comprendemos cómo un niño se sitúa ante los diferentes relatos seleccionando la información.

              “No deseaba en absoluto tener los sueños ni las aventuras de Alicia y, cuando me las contaban, simplemente me divertía. Tampoco tenía ningunas ganas de buscar tesoros escondidos o de luchar contra piratas, por lo que La isla del tesoro me dejó bastante indiferente. En cambio, el país de Merlín y Arturo resultó más interesante que las dos historias anteriores, y la mejor de todas fue el cuento anónimo “North of Sigurd of the Voelsungs”, y el príncipe de los dragones. Estas tierras eran atractivas en grado sumo. Yo nunca había imaginado que el dragón fuera de la misma especie que el caballo. El dragón llevaba grabada la marca registrada Del país de las hadas, y procediera de donde procediera, sería siempre de Otro Mundo… Me gustaban los dragones con toda mi alma, aunque, por supuesto, no quería encontrármelos en las cercanías de mi casa poniendo en peligro mi mundo relativamente seguro”. 

(Citado por Bruno Betthelheim en Psicoanálisis de los cuentos de Hadas en el capítulo Temor a la fantasía). Responde a un ensayo de Tolkien sobre los cuentos de hadas Árbol y Hoja, cuya edición inglesa  es Tree and leaf, publicada en 1964 con ilustraciones de Pauline Baynes, que contiene dos trabajos del autor publicados en 1945 (Leaf by Niggel) y 1947 (On Fairy-Stories).

De la fantasía a la realidad

La tendencia exagerada de los pequeños lectores a la identificación con los personajes, sobre todo con el héroe, es positiva. Así vence temores, miedos y angustias. Con la lectura se traslada a un mundo que solo a él pertenece. En la lectura se convierte en dueño y señor de las palabras. Nadie puede impedir que viaje a través de las páginas del libro a otros lugares. Con la lectura quedará cautivado. Por medio de la fantasía  despertará a la realidad y la centrará sin distorsiones. El relato fantástico reúne, materializa y traduce el mundo de los deseos: compartir la vida animal, hacerse invisible, cambiar de talla, volar, dominar a un ser más grande, es decir, permite cambiar el Universo a voluntad.

Fantasía y deseo

La literatura fantástica traduce los sueños humanos, que han sido retomados a menudo  por la ciencia. Lo fantástico no existe sino en relación a una realidad “no fantástica”; se acerca a una realidad psíquica, porque ¿existe lo real en estado puro? ¿Es la realidad como yo la percibo?

Lo fantástico es la expresión y la prolongación del deseo humano de felicidad, busca la alegría de ser, de vivir, de luchar contra los obstáculos y de ganarse la vida. El ser humano, a base de soñar porque está insatisfecho, inventa, crea y lucha por cambiar el mundo.

Paul Valéry decía que “Los mitos son el alma de nuestras acciones /…/ No podemos actuar sino moviéndonos hacia un fantasma” /…/  Habla del “sueño como motor constante de lo real”…

Y Julio Verne apuntaba: “Todo lo que un hombre fue capaz de soñar, otros hombres podrán realizarlo algún día”.

 

Pin It on Pinterest