Literatura infantil

El gusto por la lectura

El gusto por la lectura

Al leer vuestros comentarios creo que queda clara la importancia de transmitir el gusto por la lectura. Aunque quizás ya lo hayáis perdido, siempre se puede recuperar.

¡Buscad vuestro propio libro y vuestro momento! ¡Lo vais a encontrar!
Buscad el libro y el momento por y para vosotros. Después será fácil contagiar de aquello que amáis.

La transmisión del conocimiento en el aula no es sólo intelectual. Los alumnos y los profesores somos, “seres de carne y hueso”,  que diría Unamuno, por tanto la transmisión del conocimiento no sólo es intelectual, sino vital.

Leer nos abre al mundo
Leer nos abre infinitas puertas y ventanas
Leer nos muestra lo desconocido
Leer nos hace verbalizar lo conocido
Leer desarrolla más y más nuestra curiosidad y creatividad
Leer nos evade de una realidad a veces muy dura
Leer nos hace soñar para poder seguir buscando un ideal
Leer nos enseña otras lecturas, ya que no sólo leemos palabras.

Leemos rostros, leemos letreros  o mejor dicho, los letreros se meten por nuestros ojos sin que apenas seamos conscientes; esto es una percepción inconsciente, pero las palabras y las imágenes entran, no paran, no esperan, se nos adelantan.
De ahí, que si somos buenos lectores, filtremos con mayor rapidez y seamos menos vulnerables y manipulables.

Leer desarrolla infinitamente nuestro espíritu crítico.

Leer nos enseña a pensar y nos ayuda a vivir en libertad.

 Educar no es sino preparar para la vida. Es fomentar la curiosidad. Es posibilitar el crecimiento individual  que deberá anclarse en el mundo, en cada realidad peculiar, pero no para permanecer estático en ella, sino para mejorar, crecer y ser  independientemente.

Abrid las puertas del mundo, de todas las culturas y civilizaciones a través del imparable, asombroso y gratificante mundo de la LECTURA!  Leyendo vais a disfrutar.

 

Invitación a la lectura

Baraja de cartas de La Isla del Tesoro (hecha por alumnos de 12-13 años)

La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo
(Joseph Addison)

Tanto padres como profesores se preguntan muchas veces  cómo hacer que un niño lea. Se nos ha olvidado quizás cómo y por qué leemos nosotros. Además nos preocupan mucho las actividades sobre las lecturas, aunque no debería ser la preocupación fundamental. Lo importante es ser capaces realmente de hacer una INVITACIÓN A LA LECTURA.

Todos tenemos recuerdos de nuestras primeras lecturas, aunque seguramente no guardamos ninguno del aprendizaje mecánico de ella.  Recuerdo con ternura  “Mariuca la castañera” y “La ratita presumida” con ilustraciones de Ferrándiz, por ejemplo. Eran unos libros troquelados que coleccionábamos con verdadero entusiasmo. Sin embargo, los primeros cuentos de los que tengo noción real son los que escuchaba en discos pequeños de vinilo. Eran  discos de colores cuya funda contenía la historia en viñetas.

Poco a poco me fui adentrando en el mundo de los libros y leyendo todo tipo de historia. Enid Blyton y sus Torres de Malory, las Aventuras de los Cinco,  Los Siete Secretos, y las novelas de Emilio Salgari. Del mismo modo la inolvidable  edición de novelas clásicas de Colección Historias:  Mujercitas, Quo vadis?, El último mohicano, Don Quijote, Viaje al Centro de la tierra, La vuelta al mundo en 80 días, Genoveva de Brabante, Sissí emperatriz y muchas más, han quedado fijadas para siempre en nuestra memoria. Los libros contenían la historia en viñetas y el texto íntegro. Normalmente leíamos primero las viñetas y si la obra nos gustaba, el texto íntegro.

El hecho de leer

Parece que aprender a leer es doloroso y costoso, aunque en ocasiones se aprenda como un juego. Para unos niños es algo gratificante que “entra solo”, mientras que para otros se convierte en un sufrimiento que no puede describir y que se prolonga con los años en la clase de lengua.
¿Por qué la lengua y las matemáticas son  caballos de batalla ? La dificultad radica en que reflexionar sobre el propio idioma supone una  abstracción y requiere cierta madurez. Algo parecido ocurre con el mundo de las matemáticas. Sin embargo, existe la capacidad para abordar ambas materias. Son áreas instrumentales sin las cuales no podemos manejar ninguna otra materia.

Lengua y  literatura

Creo que los profesores tenemos derecho a quejarnos de que no se lee, pero también deberíamos entonar alguna vez el “mea culpa”.

Hemos conseguido hacer difícil lo que podría ser fácil y en ocasiones lo es.

¿Por qué nos empeñamos con tanto ardor en que todo el mundo sepa cuál es el complemento directo de una oración y no ponemos el mismo empeño en que comprendan bien lo que leen y lo sepan expresar con corrección, de forma oral y escrita?

Errores con la lectura

El primer error que se comete con la lectura es dejar que se concentre sólo en el área de lengua, por ejemplo.
El segundo error es no enseñar la biblioteca del centro o la del barrio con el mismo entusiasmo que se enseña el gimnasio o el polideportivo local y el tercer error, ¡horrible error! es examinar sobre lo que se lee y calificarlo como si fuera el análisis sintáctico.
Asociar la lectura a este martirio o someterla a un juicio como si una novela fuera el tema 4 de geografía, de física o de literatura, creo que no es lo más acertado, aunque se haga con muy buena intención.

Exámenes

En 3º de carrera tuve una pésima experiencia cuando  me examinaron del Poema de Mio Cid con un test y juré que mis alumnos nunca harían un test sobre una lectura.
Me pareció el mayor disparate del mundo leer el Mio Cid contando los muertos de las batallas, que era lo que iban a preguntar y no me condujo a nada.
Sin embargo, recuerdo el examen en 4º de la asignatura de Cervantes: La libertad en Cervantes. Estuve 4 horas escribiendo, disfruté paseándome mentalmente por las obras de Cervantes, trayendo a mi memoria lo que había leído durante el curso, desde La Galatea al Persiles y relacionando unas cosas y otras, o sea, escribiendo un texto propio con la lógica de mi lectura, no repitiendo como un papagayo lo que había dicho la profesora. Fue un examen que diríamos, anglosajón. En esta asignatura obtuve un sobresaliente, en Literatura Medieval ni me acuerdo de lo que tuve.

Actividades de creación e imaginación

Tengo muchos alumnos que pueden atestiguar que a partir de sus lecturas les mandaba hacer trabajos que algunos consideraban peregrinos. Otros decían que no tenía derecho a calificar aquello porque eso no era Lengua, pero la cuestión es que con aquellas  actividades  la mayoría disfrutaba y se lo pasaba bien. Desarrollaban su creatividad y siempre eran una sorpresa. Las fotos colgadas en este artículo son una pequeña muestra de aquello.


Trabajo hecho por alumnos de 14-15 años sobre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Como se ve, en ambos casos, hay palabras en los trabajos, pero que recrean lo leído desde la propia óptica de quien se ha sumergido en una obra literaria.


Juego de mesa hecho a partir de Trafalgar (alumnos de 14-15 años)

¿Qué se consigue con un trabajo así? 

Formar un equipo. Reflexionar. Estrujarse un poco el cerebro para ser  originales y creativos.
Es verdad que en un trabajo en equipo siempre hay alguien que no trabaja, pero no importa, estoy segura de que aprende al hilo de lo que hacen los demás y además interviene para dar forma a aquello, aunque desconozca el texto completo.
A algunos colegas de literatura siempre les preocupa que les engañen con las lecturas, la verdad es que a mí no. Siempre hay que contar con el tanto por ciento de gente que no lee, pero los que lo han hecho, han disfrutado y eso realmente es lo que merece la pena.

En algunos casos, los que no habían leído el libro, lo han hecho después de realizar el trabajo picados por la curiosidad que despertaron los comentarios de los compañeros.

Con estos llamativos trabajos a final de curso hacíamos una exposición en la biblioteca del colegio. Se colocaba una urna donde cada uno de los visitantes podía votar sobre el trabajo que más le gustaba. Esta sencilla experiencia era igualmente motivadora.

Promesas incumplidas
El juramento que me había hecho a mí misma sobre los tests de lecturas no siempre lo pude cumplir. Cuando se forma parte de un equipo docente no siempre se puede hacer lo que se quiere.
Pero creo firmemente que si resulta que la lectura lo que desarrolla es nuestra capacidad de pensar y de expresarnos, por tanto de hablar y escribir, ¿cómo hacemos tests? ¿qué importa si un personaje sube o baja o baja y sube?
¿De qué habla ese personaje y por qué es importante en esa historia? ¿Se podría prescindir de él? Creo que estas y otras preguntas enseñarían a reflexionar sobre la lectura, pero no si la cinta de Melibea es azul, roja o amarilla, lo importante sería saber por qué es azul y no roja, por ejemplo, o sea, averiguar cuál es el código del color en la literatura de una u otra época.

La intuición funciona
Comparto todo esto porque ayer me preguntaron qué hacer para que niños que nunca han leído, lean.
Desde luego no existe una varita mágica y hay muchas teorías al respecto.
La mía es muy sencilla:  El profesor tiene que “brujulear” en la literatura infantil-juvenil y dar a sus alumnos aquello que crea que puede gustar, desde su conocimiento del grupo e intuición. Esto es igualmente válido para los padres.

Pequeñas pautas
Una es elegir un libro, pensar en un tiempo y espacio en el que poderlo leer y sentarse a leerlo con los alumnos alrededor, unos en el suelo, otros en la silla, en círculo, en un rincón de la clase, en la biblioteca o en el salón de casa, pero en una disposición diferente a la que se emplea en otras ocasiones.

La lectura a los pequeños de la casa de forma sistemática por las noches, funciona muy bien, no es un tópico.

Si se hace en el aula es bueno dedicar unos veinte minutos o media hora semanales, pero siempre en el mismo momento, por ejemplo al final de los viernes, un rato especial, un momento mágico para la lectura.

Si la lectura es en Infantil o primeros cursos de Primaria, o sea, si lee el maestro, debería hacerse a diario, siempre a la misma hora, en un rincón del aula dedicado a ello y durante 5 o 10 minutos máximo, dependiendo de la edad de los niños. Es bueno que se queden con ganas de querer saber más.

Si el libro es un álbum, se terminará enseguida, si es por capítulos, uno a la semana, con misterio, con una buena entonación, haciendo que entren en una aventura que hasta entonces les resultaba desconocida.
Y así vendrá el silencio y la necesidad de escuchar. Habremos conseguido atacar diversos frentes.

Y al final, ¿por qué no dibujar lo que les ha quedado en su imaginación? ¿Por qué no buscar una canción que tenga algo que ver? Seguramente a ellos se les ocurrirá alguna, y si no tiene que ver en realidad, pero les apetece cantarla porque les sugiere algo o la han unido a esa lectura, aunque para un adulto carezca de lógica, pienso que hay que dejar que lo hagan. Esto les motivará para dibujar la próxima vez y para expresar más adelante por medio de la palabra, los sentimientos que ha despertado en ellos la lectura.

Palabras para hablar de lo leído

Debemos tener en cuenta que el uso de la palabra es lo más difícil, por ello hay que entrar en ello poco a poco. Todos los niños son sensibles a un texto, pero no todos son capaces de definir a la primera lo que han sentido y en esto hay que ayudar, para no frustrar las expectativas de los lectores.

Si queremos que escriban, podemos dar pautas, iniciar un texto, decir que cambien el final, dar palabras que contengan lo fundamental y hacer que elijan una o varias y que lo expliquen oralmente, en definitiva, emplear cualquier posibilidad que suponga colocar un trampolín para que salten.

Los profesores en general tenemos bastante imaginación, así que animo a que cada uno utilice la suya, sea creativo y se deje llevar de la intuición que le ha dado la experiencia del día al día en el aula. Sólo hay que atreverse un poco a inventar e innovar.

Para los padres la recomendación es que lleven a sus hijos a la biblioteca y/o librería más cercana para ayudarles a familiarizarse con estos espacios y con los libros, en los que, al fin y al cabo, está contenido todo el saber de la humanidad.

Comienzo de curso

Comienzo de curso

Empieza el curso 2017-2018. Volvemos de vacaciones con energías renovadas y creo que es un buen momento para leer libros que nos estimulen.

Yo recomiendo vivamente  Mal de escuela y Como una novela, ambos de Daniel Pennac.

 

Mal de escuela

Esta obra, traducida por Manuel Serrat Crespo, está editada en Barcelona: Random House Mondadori, Col. Debolsillo, 4ª edición, 2011.

Sin duda será  un descubrimiento para los que quieren ejercer esta profesión o se estrenan en ella.  Para los veteranos es un gran estímulo y consuelo.  A todos dará  idea de lo que es un aula y de cómo enfrentarse  día a día a tan estimulante trabajo.

Vivimos momentos llenos de contradicciones individuales y colectivas que generan  inestabilidad en el alumnado, al que se tiene por costumbre  calificar como imposible.
Daniel Pennac dedica el libro al zoquete. Sus páginas, de marcado carácter autobiográfico, destilan sabiduría, intuición, paciencia y humor. Además sirven para rendir homenaje a los buenos maestros, a los que todos hemos tenido, a los que siempre permanecerán en nuestro recuerdo.

El sexto capítulo del libro titulado “Lo que quiere decir amar” contiene en el apartado 4 el texto siguiente:

“En vez de recoger y publicar las perlas de los zoquetes, que alegran tantas salas de profesores, debería escribirse una antología de buenos maestros. La literatura no carece de tales testimonios: Voltaire rindiendo homenaje a los jesuitas Tournemine y Porée; Rimbaud mostrando sus poemas al profesor Izambard; Camus escribiendo cartas filiales al señor Germain, su amado maestro; Julien Green haciendo brotar en su afectuosa memoria la imagen llena de colorido del señor Lesellier, su profesor de historia /…/
Si, además del de los maestros célebres, esa antología ofreciera el retrato del profesor inolvidable que casi todos nosotros hemos conocido una vez al menos en nuestra escolaridad, tal vez obtuviéramos ciertas luces sobre las cualidades necesarias para la práctica de ese extraño oficio”. 

Me gusta muchísimo el inicio del apartado siete del capítulo III, titulado Lo, o el presente de encarnación

La presencia del profesor que habita plenamente su clase es perceptible de inmediato. Los alumnos la sienten desde el primer minuto del año, todos lo hemos experimentado: el profesor acaba de entrar, está absolutamente allí, se advierte por su modo de mirar, de saludar a los alumnos, de sentarse, de tomar posesión de la mesa. No se ha dispersado por temor a sus reacciones, no se ha encogido sobre sí mismo, no, él va a lo suyo, de buenas a primeras está presente, distingue cada rostro, para él la clase existe de inmediato”.

Las letras en negrita son personales y ponen de relieve una actitud fundamental: que la clase exista para mí de inmediato. Pennac está jugando con el verbo habitar en primer lugar y  después con sentir y existir. Todos estos verbos expresan actitudes importantes en educación. Son aplicables a los alumnos y al profesor, porque habitaremos durante meses el mismo lugar.

 

Como una novela

Este segundo libro, traducido por Joaquín Jordá y editado por Anagrama, es igualmente esclarecedor y sorprendente. Al igual que el anteriormente citado, parte de la experiencia personal y desgrana de forma sutil e inteligente las claves de la lectura. Para despertar el hábito de la lectura, el profesor deberá ser lector. Amar la literatura será el arma para transmitir tan gratificante afición.

Comienza así:

“El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar…, el verbo soñar…” 

Y su final es:

Los escasos adultos que me han dado de leer se han borrado siempre delante de los libros y se han cuidado mucho de preguntarme qué había entendido de ellos. A ésos, evidentemente, hablaba de mis lecturas. Vivos o muertos, yo les dedico estas páginas”.

Sobran comentarios. Será gratificante hacer cualquiera de las dos lecturas.

 

Historia del Arte

Historia del Arte

Historia del arte. Relatos para niñosde Michael Bird. Ilustraciones de Kate Evans. Traducido por Cristina Rodríguez Fischer. Barcelona: Blume, 2016

Son 68 relatos que van desde la Edad del Hielo hasta 2015, con representación de todos los lugares, culturas y civilizaciones.

Me gusta muchísimo no sólo la idea, sino la presentación y estructuración del texto por su originalidad.

Está dividido en 8 partes:

  • De las cuevas a las civilizaciones (40.000-20 a.C.) ( 10 relatos)
  • Lugares sagrados (800-1425) ( 9 relatos)
  • Grandes ambiciones (1425-1550) (8 relatos)
  • Historias de la vida (1550-1750) ( 9 relatos)
  • ¡Revolución! (1750-1860)  ( 8 relatos)
  • Ver las cosas de otro modo (1860-1900)  /7 relatos)
  • Guerra y paz (1900-1945)  (10 relatos)
  • Donde está el arte (1945-2015)  (7 relatos)

Además tiene un Mapa del mundo, Cronología, Glosario y Listado de obras de arte.

Tanto el autor del texto como la ilustradora son especialistas en Arte. El libro empieza con una breve explicación del autor del texto, llamada

Parte de la magia

 “Esta historia del arte empieza en una cueva situada en Alemania, hace 40.000 años y termina junto a una farola en Beijing, en 2014 /../  … las primeras civilizaciones desarrollaron habilidades artísticas. Hoy en día, no cazamos mamuts, pero mantenemos el deseo de relacionar la vida invisible de nuestras ideas, sentimientos, sueños con el mundo exterior: por ello, creamos imágenes y objetos que lo consigan. El arte es el lenguaje que permite expresar todo aquello donde no es suficiente la palabra.  /…/ La vida de los artistas y el modo en que las personas conciben el arte han ido cambiando con el transcurso de los años. /…/ …no me gustaría que el arte perdiera su extrañeza. Es parte de su magia.” (Michael Bird, Londres, 2016)

Cabe destacar que a través de los diferentes relatos, el lector se asomará a las diferentes formas de creación artística de todas las épocas, culturas y civilizaciones. Este libro sirve para despertar la curiosidad y para comprender la historia de la humanidad. Es muy didáctico y cada apartado se inicia con un resumen histórico que situará espacio-temporalmente al joven lector.

Esta obra aúna el Arte y la Literatura de forma inteligente. Permite establecer un amplio mapa de conocimientos. Es para lectores a partir de 10 años. Disfrutarán leyendo lo que más les apetezca, ya que los relatos pueden leerse de forma independiente.

Traducir literatura infantil

Traducir literatura infantil

La atracción por lo desconocido

La Literatura Infantil tiene tres características importantes: sencillez, concisión y claridad. Sin embargo, no hay que confundir sencillez con simplismo, concisión con pobreza y claridad con evidencia.  Al traducir libros infantiles es vital mantener la riqueza de vocabulario. No puede ni debe rebajarse nunca buscando la palabra que  resulte familiar al lector, sino aquella que tenga la equivalencia real respecto al texto original. http://elcocodriloazul.blogspot.com.es/2010/01/traducir-para-ninos.html
En la mayoría de las ocasiones se traduce un texto, pero a veces se adapta pensando que quizás no se comprendan los elementos que pertenecen a otra cultura. Sobre esta cuestión hay siempre un debate abierto, aunque personalmente estoy convencida de que es enriquecedor enfrentar a los niños desde edades tempranas a otras culturas. No tiene ningún sentido cambiar la hora del té por la merienda, ni la cena a las siete por la cena a las diez.
En los años 60 se hicieron famosas las galletas de jengibre  de los libros de Enid Blyton. Nadie sabía lo que era el jengibre, pero  aquellas galletas se olían y se saboreaban  junto a los protagonistas. Ni siquiera hacía falta buscar la palabra en el diccionario.

Algo tan simple, hace que el lector se sumerja en el mundo mágico de la lectura. Con el tiempo descubrirá y relacionará y mientras, imaginará.

Lo desconocido forma parte del deseo de leer. Si conociéramos  todos los rincones del alma humana y del mundo que nos rodea, quizás ya no quisiéramos leer.

Mantener la magia de lo desconocido es uno de los elementos que más puede ayudar en el fomento de la lectura.

Los nombres de personajes, los topónimos, las monedas, los pájaros, las comidas y horarios diferentes, lo aparentemente incomprensible, despertará en el niño la curiosidad, el deseo de encontrar algo nuevo en cada libro. Abrirá una gran ventana al mundo, por la que podrá asomarse y observar sin miedo el amplio paisaje de la diversidad.

Importancia de las traducciones

Hoy más que nunca son importantes las traducciones para los más pequeños, porque nunca como hoy la humanidad se ha visto envuelta en el fenómeno de la globalización, que para bien y para mal, revela la existencia de “otros”.

El globo terráqueo parece haberse quedado pequeño, pero la distancia entre los pueblos y las barreras que los dividen, son manifiestamente considerables.

Las traducciones sirven para que el niño pueda saltar la barrera del idioma y conozca lo que otros dicen. Descubrirá así que hay miradas diferentes y nuevas opciones y formas de pensar.

Sería injusto e irresponsable no darle diferentes visiones del mundo, diferentes sensibilidades y distintas realidades para ver, oír, sentir y palpar.

A pesar de la posibilidad que tienen de ver continuamente las imágenes que los medios de comunicación ofrecen, necesitan la palabra para aprender a pensar. Las traducciones les ayudarán a tomar conciencia de sí mismos y les revelarán otras señas de identidad.

Leer al otro en mi propia lengua, aunque ya sabemos que como en el cine, lo mejor es la versión original, ayuda a comprenderlo y a comprenderme y lo que es más importante aún: abre fronteras.

Descubrir a los jóvenes lectores que una obra ha sido traducida a muchos idiomas, es desvelar para ellos la magia de la literatura, es ayudarles a constatar  que la palabra es capaz de traspasar las fronteras de la realidad.

El esfuerzo editorial

Es incuestionable que anualmente se hace un gran esfuerzo por parte de las editoriales por presentar a los niños y jóvenes lo mejor de la literatura universal. Este esfuerzo se realiza en todas las Comunidades Autónomas, revitalizando el aprendizaje y la profundización de la lengua materna.
Del idioma que más se traduce en literatura infantil, igual que en la de adultos, es del inglés (44,3%) tanto del Reino Unido como de Estados Unidos. El número de traducciones de este idioma va seguido del castellano (15,5%) y del francés (14,6%), sobre todo de Francia y Bélgica. En menor medida se traduce del inglés de Canadá y Australia y del francés de Canadá y de otros países francófonos. Es constatable la escasez de traducciones de Asia, África y Oceanía, aunque en el último año las traducciones del japonés se han colocado en séptimo lugar en cuanto a número de traducciones se refiere.

Hay cuestiones curiosas como que a veces se traducen obras francesas del inglés o del alemán y que a las diferentes lenguas del Estado se traducen obras extranjeras del castellano, o también del gallego al euskera, al castellano y al catalán.
Este fenómeno de traducir de una lengua distinta de la original vulnera claramente uno de los principios fundamentales de la traducción:  traducir de la lengua original. Este principio establecido para la literatura de adultos es igualmente válido para la traducción de libros infantiles.
Traducir de un idioma que no es el del autor, supone dos reconversiones e interpretaciones de un texto y al lector no le puede llegar la obra con la misma fiabilidad con la que pasa directamente de la lengua de partida a la de llegada.
Otro punto importante es que la lengua de llegada del traductor conviene que sea su lengua materna, para poder utilizar todos sus recursos y matices de un idioma.

Algunas reivindicaciones

Traducir es escribir, de ahí las reivindicaciones de los traductores españoles respecto a la propiedad intelectual, a los derechos de autor y a la equiparación de tarifas con sus homólogos europeos.

En el Boletín informativo nº 55 (Agosto 2006) de Cedro, Mario Merlino, Premio Nacional de Traducción 2004, escribió un artículo que prácticamente cierra con estas palabras:

“ Por ello, cada vez que, traicionando subrepticia o abiertamente la Ley de Propiedad Intelectual, no se paga una traducción con justicia o no se liquidan los derechos correspondientes a la obra traducida, se comete, sin ambages, una estafa: artero beneficio a costa del uso preciso y precioso de las palabras”.

No cabe mayor claridad para explicar algo que atañe a todos los profesionales de la traducción, pero que tiene una difícil y  lenta solución.

Dejando a un lado el sin duda importante tema económico, habría que plantearse otras cuestiones como el protagonismo del traductor en los eventos literarios.
Resulta chocante que se organicen congresos sobre autores extranjeros en universidades e instituciones españolas sin convocar a su traductor o traductores. Nadie mejor que ellos conoce la obra sobre la que ha trabajado.

Traducir supone profundizar hasta la saciedad en todos y cada uno de los aspectos del lenguaje, desde el significado general de la obra hasta el de cada una de las palabras y signos de puntuación que la componen. Se debería colocar en lugar privilegiado a quien ha hecho posible difundir la obra y la figura de un escritor.

Lo mismo ocurre cuando se lleva a cabo un encuentro con el autor, en el que habitualmente la editorial olvida invitar al traductor. Hay honrosas excepciones al respecto, pero son eso, excepciones. Algo mucho más grave es que en literatura infantil aún hay editoriales que omiten el nombre del traductor en los créditos, haciendo caso omiso de la normativa legal vigente.

¿Qué pasaría si para reivindicar estos y otros aspectos hubiera una rebelión de traductores? Si durante una semana no trabajaran intérpretes ni traductores ¿viviríamos el caos de la Torre de Babel?

Quizás fuera un desastre, o quizás sólo se observarían situaciones cómicas, pero en cualquier caso quedaría de manifiesto el valor de los que podíamos calificar como fantasmas de la palabra.

El futuro

Para un futuro próximo y lejano, lo mejor es seguir en la línea de fomento de la lectura emprendida en los últimos años, para desarrollar el espíritu crítico de los jóvenes.
Si crecen en sensibilidad en cuanto al uso del lenguaje, serán cada vez más exigentes también respecto a las traducciones. Se trata en definitiva de descubrir el misterio que encierran las palabras y despertar la afición por usarlas con precisión.
No se debe dar por supuesto que el uso espontáneo de la lengua materna es suficiente para establecer la comunicación. Es importante reflexionar sobre la utilización que hacemos de ella y no rebajar sus niveles de uso, sino elevarlos cada día más.

Los adultos, padres, profesores, bibliotecarios, editores y otros profesionales dedicados al fomento de la lectura, tenemos la gran responsabilidad de filtrar las lecturas que damos a los niños y a los jóvenes y por ese filtro, debe pasar el de la traducción.
Una buena traducción es tan importante como un buen libro escrito directamente en la lengua materna del niño que lo lee. No caben dobles interpretaciones ni traducciones rápidas que trastoquen el original o que dejen ver continuamente la sintaxis y la puntuación de la lengua de partida.

Una buena medida para revalorizar la figura del traductor, sería colocar su nombre junto al del ilustrador, en la portada. El ilustrador recrea la obra por medio de imágenes que la complementan o la interpretan. Previamente, el traductor la ha recreado en su totalidad. Sin él, como ya se ha dicho a lo largo de este artículo, la obra sería desconocida para la mayoría de los lectores.

Sería además una forma de ayudar a descubrir la importancia de aprender idiomas para ejercer profesiones interesantes como ésta, desconocida para la mayoría de los jóvenes.
Otra posibilidad es realizar actividades de fomento de la lectura relacionadas con la traducción, que a su vez desarrollarían el aprendizaje de idiomas y despertarían la curiosidad por conocer otras culturas.

El libro infantil sigue estando de enhorabuena por la calidad de las producciones, así que también lo están los traductores que se mueven fundamentalmente en este campo.

Sería estupendo que entre todos los que formamos parte de este mundo literario infantil, consiguiéramos que los jóvenes pudieran hacer suyas las siguientes frases de Montesquieu:

“Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas”

                               “Nunca tuve una tristeza que una hora de lectura no haya conseguido disipar.”

 

Leer es un proceso

Leer es un proceso

Leer

Leer es un proceso largo, apasionante, irremplazable…   Participar del gusto por la lectura es como hacerlo por la música, por el deporte o por la pintura.  http://elcocodriloazul.blogspot.com.es/2010/01/los-ninos-y-la-lectura.html

Leer es descubrir una de las mil posibilidades que existen para llenar el tiempo de ocio. Los niños aprenden desde pequeños todo lo que se les quiera enseñar.

Para despertar la afición por la lectura ¡hay que ponerse a leer! y ¡cuánto antes mejor!

Espacio y tiempo

Lo primero que necesitamos para leer es disponer de un espacio y un tiempo. Son imprescindibles la tranquilidad, el  silencio y la intimidad.

En la creación de un espacio que propicie la lectura, los padres y profesores, se juegan mucho. No sólo nos jugamos  que un niño sea lector, sino  que aprenda a dialogar, a descansar y a estudiar de forma independiente.

Desde los primeros años, poco a poco el niño tiene que aprender a realizar actividades por sí mismo. Es necesario que se entretenga sin que todo el mundo tenga que estar pendiente de él hasta caer en el agotamiento. Con este aprendizaje previo, se evitaría en gran medida la figura del “niño tirano” que para sentirse bien impone sus propias reglas  a todas horas.

El juego

Aunque el juego es una actividad libre y evasora, está limitado en el espacio y el tiempo; tiene posibilidad de repetición y sigue unas reglas de organización y participación;  en este sentido, es creador de orden.

Siguiendo estas pautas, la lectura deberá ser libre y liberadora, porque por medio de ella se ponen palabras a la realidad.

Como el juego, estará también limitada en el espacio y en el tiempo. Si embargo, uno de los mayores placeres que despierta es la posibilidad de volver atrás.

El placer de leer y releer

Cuando guste un libro, una escena, un párrafo, se podrá hacer una relectura; es uno de los placeres que siente un lector. Los niños lo descubren enseguida porque nos hacen leer en voz alta de forma reiterada  el libro que les gusta.

En el juego de leer hay que descubrir poco a poco sus reglas:

  • Estar en silencio o con una música suave de fondo.
  • Estar acomodados.
  • Elegir el libro adecuado al momento psicológico y a la edad.

Leer servirá indudablemente “para cargar pilas”.  El remanso de paz de la lectura se convertirá en uno de los aspectos más gratificantes del hecho lector.

Etapas lectoras

Antes de llegar al hecho lector propiamente dicho hay un periodo de sensibilización de 0 a 2 años, y otro de aprendizaje, de 3 a 6 años que son claves en el proceso de la lectura.

De 0 a 2 años:  la denominada Lectura regazo es un buen comienzo. Se trata de coger al niño en brazos y contarle o leerle un cuento. Este momento será siempre mágico y gratificante y proporcionará un estímulo afectivo y lingüístico irremplazable.

De 3 a 6 años:   periodo de aprendizaje. La habilidad básica a desarrollar será la expresión oral.

Hay que tener en cuenta que el aprendizaje lector supone una transformación del código lingüístico oral que conoce el niño, en código simbólico. Su asimilación está condicionada por el bagaje léxico adquirido en el hogar. Cada individuo sigue un proceso muy personal. Se evitarán comparaciones con hermanos o amigos y se tendrá especial paciencia y comprensión. Para algunos niños aprender a leer y escribir es un proceso lento y a veces doloroso.

Entre los 6 y los 7 años, su curiosidad aumenta sin parar y juegan a descubrir todo lo que hay escrito en el entorno, relacionando el texto con la imagen a gran velocidad.

Entre las 8 y los 12 años se lleva a cabo la consolidación en el uso del lenguaje. Estará potenciada fundamentalmente por el entorno en que se muevan. El niño es ya un ser autónomo, que asimila todo con rapidez. En estos años surge la capacidad de reflexión y  descripción del mundo a través de la lectura. Es una etapa que hay que aprovechar, porque les encanta ir a la biblioteca del colegio y a las librerías para elegir lo que quieren leer. Se empiezan a perfilar sus gustos, inclinándose por libros con protagonistas de su edad.

A los 13 años comienzan los problemas con la lectura, normalmente porque se convierte en una obligación escolar.

En el aula se obliga a leer y a hacer exámenes sobre lo leído, así la lectura deja de ser algo gratificante y se convierte para muchos adolescentes en una pesadilla. Es un momento de gran responsabilidad para los adultos. Hay que ser comprensivos y creativos. Hay que ceder y  buscar modos menos convencionales de evaluar.

Cuando se ponen en  manos de adolescentes libros  de su interés y se propone la lectura como actividad libre, que no se va a evaluará negativamente, entran en el juego lector. Las actividades sobre las lecturas propuestas deberán ser llamativas, originales, que despierten curiosidad y desarrollen la creatividad.

Entre los 13 y los 16 años se inclinan por libros de acción, aventura, intriga, fantasía y terror. Se interesan especialmente por temas realistas que plantean problemas que les causan conflicto y lucha interior. Temas de su interés son:  el amor, la relación con los adulto y  la independencia. Buscan temas que guarden relación con la consolidación de su propia personalidad. Necesitan urgentemente encontrar en los libros las palabras que expliquen el mundo y que les faciliten la comprensión de sí mismos .

A partir de este momento estarán preparados para hacer todo tipo de lecturas. A lo largo de los años de aprendizaje habrán descubierto sus preferencias, a partir del desarrollo del espíritu crítico que es inherente a todo lector.

LECTURAS PARA TODOS LOS GUSTOS

La literatura infantil y juvenil está consolidada hace muchos años como género específico. Es curioso que todavía haya quienes se pregunten si hace lectores. La cuestión está en la selección que se haga para cada posible lector o grupo de lectores, sabiendo que leer es un acto personal. Una de las posibilidades para los grupos de cualquier edad es leer en voz alta. En general les gusta seguir una historia común y protagonizarla leyéndola para los demás. En este caso es importante que el profesor tome parte activa en la lectura y no se convierta en un observador-evaluador.

La literatura fantástica atraviesa hace años un momento de esplendor, sobre todo la anglosajona, que es la de mayor tradición. En novela de aventuras  La isla del tesoro de Stevenson es otra preferencia generalizada. Es impensable llegar a la madurez lectora sin haber saboreado este clásico.

En los dos últimos años cabe destacar el interés de las editoriales por hacer adaptaciones de los clásicos de la literatura española y de la literatura universal, al hilo de los Centenarios conmemorativos, aunque no todas las ediciones tienen el mismo valor literario, ni de formato e ilustración.

Para quien se lleva las manos a la cabeza porque los niños leen a Harry Potter, hay recordar solamente, que muchos de los lectores adultos de hoy, se hicieron lectores con Enid Blyton y sus historias de misterio.

La literatura infantil y juvenil es un mundo apasionante que merece la pena explorar.

Los niños y la lectura

Los niños y la lectura

Leyendo en un rincón

Una ventana al mundo

La lectura

La lectura forma parte de la vida; es emoción, placer y conocimiento. Es una ventana abierta al mundo que desarrolla el espíritu crítico. Además  configura individual y socialmente al individuo.

Leyendo se aprende a pensar, por tanto se desarrolla  claramente la personalidad. El lector recrea la obra que lee y así crea un mundo interior único  enriquecedor para sí mismo y para los demás.

No existe una varita mágica para  hacer que un niño sea lector, sin embargo, los factores más influyentes son  el familiar, el escolar y el social.

Si el niño se entretiene leyendo, se habrá dado un primer paso en la aproximación a la afición por la lectura.

Lo lúdico de la lectura 

En el niño existe algo dominante, el juego, que es una actividad libre con poder de evasión. Los niños creen en el poder de la imaginación. Cuando juegan lo hacen con toda el alma, de ahí que sea importante despertar en el niño el placer que pueda proporcionarle la lectura de la forma más lúdica posible y con carácter extraescolar.

Se trata de conseguir que un niño lea por placer, no por obligación.

El juego está limitado por el espacio y el tiempo y tiene posibilidad de repetición. Estas características son igualmente aplicables a la lectura y hay que ayudarle a descubrirlas.

Las fórmulas básicas de aprendizaje de los niños son la imitación y la repetición. Un niño que ve leer a sus padres, sentirá curiosidad. Habrá que esperar a que adquiera el deseo de hacerlo.

Pero esto no es matemático. De padres lectores puede haber hijos no lectores y viceversa.

 

El ejemplo de Matilda, de Roald Dahl 

Roald Dahl describe magistralmente la situación del niño lector en un ambiente hostil en una de sus más famosas novelas, Matilda.

Fue escrita en 1988 y llevada al cine por Danny DeVitto en 1996.

“Al cumplir los tres años, Matilda ya había aprendido a leer sola, valiéndose de los periódicos y revistas que había en su casa. A los cuatro leía de corrido y empezó, de forma natural, a desear tener libros. El único que había en aquel ilustrado hogar era uno titulado Cocina fácil, que pertenecía a su madre. Una vez que lo hubo leído de cabo a rabo y se aprendió de memoria todas las recetas, decidió que quería algo más interesante.

-Papá –dijo-, ¿no podrías comprarme algún libro?

-¿Un libro? –preguntó él. ¿Para qué quieres un maldito libro?

-Para leer, papá.

-¿Qué demonios tiene de malo la televisión? ¡Hemos comprado un precioso televisor de doce pulgadas y ahora vienes pidiendo un libro? Te estás echando a perder, hija….

…La tarde del día en que su padre se negó a comprarle un libro, Matilda salió sola y se dirigió a la biblioteca pública del pueblo.”

(Roald Dahl: Matilda, Ed. Alfaguara, Madrid, 1989).

El deseo de leer

Es la consecuencia de la curiosidad por conocer el mundo.

Como sólo se desea y se ama aquello que se conoce, es necesario que desde pequeños, los niños vean libros, los toquen, los manoseen e incluso estropeen alguno, para aprender a cuidarlos.

Este proceso manipulativo es el primer paso para despertar la afición por la lectura.

 

Libros de Arte para niños

Libros de Arte para niños

 

La retina de cada uno guarda en la memoria las imágenes más impactantes recibidas en la infancia. Quizás alguien recuerde la primera obra de arte que le quedó grabada y si fue al contemplarla en vivo, en un libro de texto o en una postal. Quizás podamos recordar incluso un sentimiento ligado a ella, ¿Quién y cómo desarrolló nuestra sensibilidad?

La creación de libros de Arte para niños http://elcocodriloazul.blogspot.com.es/2010/01/libros-de-arte-para-ninos-ii.html se ha desarrollado con fuerza en las dos últimas décadas, abriendo un mundo infinito de posibilidades para los más pequeños, que además hoy en día gozan de programas pedagógicos en los Museos.

Libros de Arte

Si bien es cierto que un libro no suplirá nunca la contemplación de la obra original, supondrá con toda seguridad, una aproximación a ella, posibilitando la recreación estética del lector más allá de los muros de un Museo y de los límites de una ciudad.
A través de la lectura, el niño se introducirá de forma mágica en el mundo de la contemplación de cuadros, esculturas, objetos y espacios arquitectónicos. Esto  desarrollará su capacidad de observación y  sensibilidad. Así, esta sensibilidad se trabaja desde varios frentes: el afectivo, el poético, el visual, el auditivo y el artístico propiamente dicho.
El estímulo de los sentidos desde los primeros años, favorecerá la creatividad potenciando su desarrollo y equilibrio personal. Al mismo tiempo, le ayudará a comprender que el hombre es un ser dotado de la capacidad de pensar, con una especial necesidad de expresar de múltiples formas, sus sentimientos y su visión del mundo particular.

¿Cómo son los libros de Arte para niños?

Sencillamente maravillosos.

Con una respuesta tan simple ya podríamos finalizar este artículo, sin embargo es el momento de ofrecer una panorámica de lo que hoy está en el mercado.
Es un campo que goza de buena salud en general, con libros para todos los gustos y edades. En cada ocasión se trata de buscar lo que puede interesar al joven lector.
Dominan los libros relacionados con la pintura y salen al mercado con la misma facilidad con la que se descatalogan, aunque algunos ya son clásicos y se reeditan continuamente. Empezaremos la selección por este último apartado.

Clásicos del Arte para niños

Los libros de James MayhewCarlota y la Monna Lisa , El museo de Carlota, Carlota descubre a los impresionistas y Carlota y las semillas de girasol, forman una serie publicada en todo el mundo. En España los empezó a editar Serres en 1996. El esquema literario de estos libros lo repiten con frecuencia otros autores, ya que Mayhew escogió en su momento, una peculiar forma de acercarse a la obra de arte. Carlota visita un museo de la mano de su abuela, pero siempre se queda sola para vivir su propia aventura en el Museo. Con un sencillo detalle, el autor destaca la importancia de la soledad en la contemplación artística.

Otros clásicos son los libros de Lawrence Anholt, de la misma editorial, en los que el protagonista vive la aventura acompañado de su mascota; es el caso de El jardín mágico de Monet. Este autor tiene más de 60 títulos para niños, traducidos a más de 15 idiomas, entre ellos al cantonés, hebreo, islandés y galés. Otras obras suyas son: Camille y los girasoles (Un cuento sobre Vincent van Gogh),
El jardín mágico de Claude Monet, Degas y la pequeña bailarina (Un cuento sobre Edgar Degas) y Picasso y Sylvette (Un cuento sobre Picasso). Maneja entre otras ideas la del valor del esfuerzo personal y la perseverancia para conseguir los sueños.

Brenda V. Northeast, autora e ilustradora afincada en Australia, lo mismo en Claude con amor que en Auguste con amor, de ediciones Serres, elige como protagonista un osito que encarna el personaje de Monet o de Renoir.
Alain Le Saux y Grégoire Solotareff en Pequeño museo, hacen un fantástico y original recorrido por la historia del Arte. Este libro, de la editorial Corimbo de Barcelona, da la posibilidad de aprender a mirar un cuadro asociando 150 palabras a 150 pinturas.
Lucy Micklethwait entre otras obras tiene Mi primer libro de Arte de la editorial Molino. Plantea de forma excelente la iniciación en la contemplación artística. Se trata de asociar los cuadros a situaciones cotidianas. La autora parte de la idea de que “El arte posee la magia de los siglos. Abriendo los ojos de los niños, podremos ayudarles a comprender y apreciar el mundo en el que vivimos y la gente con quien lo comparten”.

Libros que hablan de colores

Algunos libros no tratan directamente el arte, pero tienen como elemento central los colores. Es el caso de Elmer de David McKee, de ediciones Beascoa y de ¡Hombre de color! de Jérôme Ruillier, de editorial Juventud. Con estas dos obras los lectores accederán a través de los colores al difícil tema de la diversidad, facilitando la comprensión de este hecho como signo de riqueza para la humanidad.
Julieta y su caja de colores de Carlos Pellicer López, es una sugerente obra sobre la creatividad, destacando el poderoso lenguaje de los colores y la imaginación. Ha sido editado en México por el FCE.

Libros para aprender a mirar


¡Zoom… en el arte!, ¡Mira! El lenguaje corporal de la pintura y ¡Mira! La luz en el arte son unas obras especialmente interesantes de Gillian Wolfe, que junto con Mirar con lupa (Vol. I y II) de Claire d’Harcourt y Cuéntame un cuadro de Quentin Blake, enseñan de forma extraordinaria a contemplar una obra de arte.
La gran noche de los perros de Meredith Hooper y Allan Curless
se ha convertido ya en un clásico de los libros de Arte para niños; peculiar y divertida visión del Arte, que se completa con La gata Felicia, de la misma autora, ilustrado por Bee Willey; ambos editados por Serres.
Pinta retratos… y aprende a mirar cuadros es una sencilla propuesta de ediciones ALDEASA, realizada por Isabel y Selina Blanco, que invita al niño a fijarse en los detalles de una serie de cuadros y a reproducirlos en el mismo cuaderno. Los textos son claros, amenos y con contenido.
Recientemente ha salido un original libro, En busca de Arte, de Jon Scieszka, con ilustraciones de Lane Smith, que es una propuesta para familiarizarse con el Arte Contemporáneo, a través de un recorrido por el MOMA de Nueva York, editado por Serres.

En ediciones Brosquil tenemos La casa de Narciso, una bella historia de Margaret Wild y Wayne Harris, que fija la mirada en la arquitectura veneciana.

Libros para viajar

En estos libros un personaje lleva a cabo un recorrido por el mundo o por una ciudad en concreto, obligando al lector a hacer un recorrido visual. Es el caso de los libros del Premio Andersen 1984 Mitsumasa AnnoEl viaje de Anno I, II, III, IV, El mundo medieval de Anno, de la editorial Juventud Anno’s Spain de Philomel Books de Nueva York.
En Mi globo paseando por Nueva York (Yo en el Metropolitan Museum), magnífico libro de Jacqueline y Robin Preiss, editado en España por la editorial Serres,se lleva a cabo una original propuesta en un doble plano, el del Museo y el de la ciudad.
Los Impresionistas franceses atraen especialmente la atención de los creadores de libros de arte para niños, así la autora americana Joan MacPhail Knight y la ilustradora de la misma nacionalidad Melissa Sweet elaboran en Charlotte en Giverny.

Es una historia narrada en forma de diario, partiendo del viaje de Charlotte con sus padres. El viaje se complementa con Charlotte en Paris. Ambos libros han sido editados por Serres.

Libros para conocer pintores

Algunos de los libros citados entre los clásicos, pueden colocarse también bajo este epígrafe, aunque aquí, destacaremos otros diferentes.
Anthony Browne, Premio Andersen 2000, con su imaginación y calidad habituales introduce al niño simultáneamente en el libro de la pintura y en el de la literatura, con la obra Willy el soñador, editada en México, en 2001 por el Fondo de Cultura Económica. Es una magistral lección literaria con pocas palabras.
El crítico de arte y escritor italiano Paolo Guarnieri, y su mujer, la ilustradora Bimba Landmann, dan a conocer en Un niño llamado Giotto la vida y la obra de este pintor. Guido Visconti, autor italiano instalado en la India, aporta sus conocimientos pictóricos en Leonardo, ese genio, ilustrado por Bimba Landmann. Ambos libros han sido editados de forma cuidadosa por Tuscania.
Robert Byrd presenta la figura de Leonardo da Vinci en Leonardo, hermoso soñador, editado por Serres en 2005. Este pintor es uno de los que ejerce una especial fascinación para los escritores e ilustradores infantiles.


Nina Laden lanza una mirada en clave de humor sobre el vanguardismo a través del texto e ilustraciones de El día que Pigasso conoció a Muutisse, editado por Serres

Los autores e ilustradores españoles muestran gran preferencia por Velázquez. Ya en 1997 Eliacer Cansino escribió una estupenda novela que recrea la vida de Nicolasillo Pertusato y su relación con el genial pintor; es El misterio de Velázquez, que obtuvo el Premio Lazarillo aquel año y que fue publicada por Bruño.
Miguel Ángel Pacheco y Javier Serrano reciben en 1999 el Premio de la Fundación Santa María por La verdadera historia del perro Salomón, con cuya obra acceden en 2001 al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Esta historia está incluida en Siete historias para la Infanta Margarita, de Miguel Ángel Pacheco, editado por Siruela. Sin duda merece la pena leer y disfrutar de estos trabajos.
Angels Comella en ¿Dónde está la reina? de ediciones Serres, muestra los retratos de la corte de Velázquez. Este pintor interesa igualmente a autores extranjeros como Jane Jonson, que escribe La princesa y el pintor, de Serres editorial.
De la recientemente desaparecida Asun Balzola, destacamos El perfume envenenado, de la colección Museo El barco de Vapor, de la editorial SM, para adentrarse, a partir de los 7 años, en el mundo de Goya.
La editorial Anaya ha publicado en la colección Revista de la Historia unos interesantes libros de autores franceses que permiten acercarse de forma original a Miguel Ángel y Picasso.
Respecto al Arte Contemporáneo hay que destacar el trabajo de Angels ComellaRomi Kirilova y Mercè Seix por su originalidad en ¡Buenos días, señor Tàpies!, de ediciones Serres en 2001.

Aniversarios

En los últimos años con motivo de diferentes aniversarios, se ha ampliado la producción en nuestro país sobre artistas españoles, siendo los protagonistas Antonio Gaudí y Salvador Dalí.
Carlos Esteve ha escrito e ilustrado El mundo de Gaudí, de la editorial Molino invitando al lector a visitar las obras arquitectónicas de Gaudí en Barcelona.
Marina García Gaudí para niños y Dalí para niños, breves biografías en que se mezclan ilustraciones de la autora, con fotografías del autor y de su obra, publicados por la editorial Celeste Anna Obiols en El pequeño Dalí, con ilustraciones de Subi, de la editorial Lumen, presenta juegos enmarcados en ilustraciones hechas a partir de la obra del genial pintor.

Montse Gisbert y ediciones Serres, han obtenido el tercer premio al mejor libro editado en 2003, concedido por el Ministerio de Cultura en la categoría de libros infantiles y juveniles, por Salvador Dalí, píntame un sueño El libro se ha realizado con la colaboración de la Fundación Gala-Dalí de Figueras, y ha sido también seleccionado en el catálogo White Ravens de la Biblioteca Infantil y Juvenil de Munich.

 

Libros para jugar

César Fernández Arias recoge en Taller de pintura y construcciones, editado en Valencia por Media Vaca en 2005, las actividades realizadas en el taller del Círculo de Bellas Artes de Madrid. El libro va acompañado de un cuaderno con sugerentes propuestas para pequeños y mayores.
La editorial Macmillan Children’s Books desarrolla el concepto y el diseño de unos libros de Arte en la colección El Arte en puzzle,para lectores a partir de los 7 años.

Carole Armstrong, en Vamos a pegar mi Galería de Arte Vamos a pegar mis cuadros de Van Gogh, Monet y Vamos a pegar mis cuadros de animales hace una propuesta entretenida para los niños. La colección es de la editorial Serres.
Emilio Sola escribe un texto que ilustra Marina GarcíaVelázquez para niños , en el que va a mostrar la vida y obra del autor con juegos visuales y pegatinas; ha sido editado en Madrid por Celeste-Albur.

Libros para saber

Maria Carla Prette y Alfonso de Giorgis, han creado lo que se llamaría un libro de conocimiento: Comprender el Arte y entender su lenguaje, es un buen libro para niños a partir de 12 años.
Christopher y Helen,Frayling y Ron Van der Meer, son los autores de una magnífica Carpeta de Arte, con ilustraciones de Paul Crompton.
El ABC del arte para niños, de la editorial Phaidon es una novedad en la que el lector realizará un acercamiento al mundo del Arte, con sentido del humor.
Diccionario por imágenes, de las Artes, de Émile Beaumont y Marie-Renée Pimont, con diversos ilustradores, editado por Fleurus, inicia a los primeros lectores en las diversas facetas del Arte, no sólo de la pintura.

Libros sobre la creación artística

Los títulos que vienen a continuación son una serie de propuestas diferentes, todas ellas de gran calidad, para introducir al público infantil en el lenguaje del Arte en general y en el proceso de la creación artística en particular.


El sueño de Matías de Leo Lionni, traducido por Esther Tusquets y editado por Lumen en 1992, está tristemente descatalogado.
El punto, de Peter H. Reynolds, adaptado por Esther Rubio y editado por Serres, Barcelona, 2003. Marita no sabe dibujar y otra historia sin palabras de Monique ZepedaFCE, México, 1997, plantea además del tema del arte, el de la muerte, de forma clara y sensible.
Ignacio van Aerssen y Belén Jaraíz, con la colaboración de la ilustradora Eloísa Alcaraz, han elaborado Garabato, una propuesta para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, editado en Madrid en 2005.
Otro interesante libro sobre el tema es el editado por Factoría K de libros en Vigo en 2005, Las bombillas que se encienden y se apagan, de Ramón Trigo.

Como se ha visto, la mayoría de los libros se centran en la pintura, aunque cada vez llama más la atención la arquitectura, no así la escultura.
Hay libros que completarían los citados que son los que se centran en diferentes culturas y civilizaciones, los egipcios, los aztecas, los griegos, los romanos.
Los libros de Museos no se han destacado porque excedía la extensión de este artículo, pero en la actualidad prácticamente todos los Museos del mundo tienen un libro propio.
Todos estos libros, al igual que los dedicados a la música, completan el panorama de los de Arte propiamente dichos.
Como conclusión hay que destacar que estos y otros libros que por la brevedad del artículo no se han podido citar, son de alta calidad, tanto desde el punto de vista de las imágenes, ilustraciones y fotografías, como del planteamiento y el texto. En realidad son libros para coleccionar.

 

Traductor y traducción

Traductor y traducción

El traductor y la traducción

Traducir es sentir pasión por la palabra, por la lectura y  la escritura.

Traducir es desarrollar una capacidad infinita de búsqueda no sólo de palabras, sino de sentidos y significados en dos idiomas. Traducir supone encontrar la auténtica voz del autor en la propia lengua.

Un traductor no es un intercambiador de palabras, para lo que le bastaría poseer un diccionario. El traductor es un artífice de la palabra. Recrea la obra literaria. Tiende un puente entre el creador y el lector, un puente entre culturas.

Un traductor literario es un gran lector que posee un auténtico bagaje cultural que le permite interpretar lo leído.

George Steiner en Después de Babel habla del mecanismo de la interpretación:

“¿Cómo se han servido del lenguaje las diferentes culturas y épocas históricas, cómo convencionalizan o cómo actualizan las múltiples relaciones posibles entre la palabra y el objeto, entre la significación convencional y la ejecución concreta?”. Habla de la “interpretación entendida como lo que da vida al lenguaje más allá del lugar y el momento de su enunciación o transcripción inmediatas”.
Alberto Manguel en Nuevo elogio de la locura, dice que “El lector ideal es un traductor. Es capaz de disecar el texto, quitar la piel, cortar el hueso hasta la médula, seguir cada arteria y cada vena y luego dar vida a un nuevo ser sensible”.

Traducir supone por tanto, descubrir el auténtico valor de las palabras, su profundo significado y la función insustituible que tienen para comunicarse con los otros.

Traducir literatura infantil

Algunas personas creen que traducir literatura infantil es tarea para principiantes; nada más lejos de la realidad.
No existe traductor específico de literatura infantil, sino traductor literario profesional. http://elcocodriloazul.blogspot.com.es/2010/01/traducir-para-ninos.html

El mundo literario infantil y juvenil tiene sus propias dimensiones, por tanto, sus propias claves de interpretación. El traductor de Literatura Infantil recupera para sí temas, espacios, tiempos y palabras que había creído olvidar. A continuación, se las entrega al niño en una recreación propia, para que pueda disfrutar.
Entrar en el mundo de los niños siempre resulta fascinante; se trata de abrir una puerta y entrar de puntillas en el lugar que ellos habitan. Así, entendemos la traducción como acto de comunicación.
El manejo de los diferentes registros de la propia lengua y de la lengua extranjera permitirá encontrar el tono exacto en el que brindar al joven y poco experimentado lector, un mundo que viene de otro lado.

Calidad de las traducciones  

Si traducir Literatura Infantil fuera fácil, todos los libros infantiles tendrían una traducción impecable y desgraciadamente no es así En su lectura los niños asimilarán la palabra tal y como se les ofrezca. El texto queda grabado en la mente junto con las ilustraciones, tal y como se ha dado.

Solamente el lector podrá defenderse de un mal texto en torno a los 13 años, cuando haya  consolidado en gran parte el uso el lenguaje.
Hace años, un alumno de esta edad me dijo de un libro que estaba leyendo: “Profesora, ¡qué mal suena!”.

Aquel comentario me dejó perpleja, ya que aquel estudiante que no era precisamente el empollón de la clase, había dado con una de las claves de la traducción. El texto tiene que sonar bien, fluir como el agua, en la lengua de llegada.

Un niño es un lector en todo el amplio y profundo sentido de la palabra. Como tal  hay que tratarlo y respetarlo.

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